El pueblo chino siente una antigua fascinación por la astronomía y la adivinación basada en el estudio de la dinámica celeste.
Sobre esto una leyenda cuenta que existían diez soles que aparecían alternándose en el cielo durante la semana china de diez días. Estos soles, que eran hijos de Dijun, dios del este y Xi He, diosa del Sol se turnaban para viajar con su madre, al Valle de la Luz en el Este. Allí, Xi He lavaba a sus hijos y los ponía en las ramas de un enorme árbol de Morera llamado Fu-Sang. Desde el árbol, solamente un solo sol se ponía en el cielo para el viaje de un día, hasta alcanzar el monte Yen-Tzu en el Oeste lejano.
Cansados de esta rutina, los diez soles decidieron revelarse ante la rutina y salieron a divertirse todos juntos. El intenso y constante calor hizo la vida en la Tierra insoportable. El suelo se secó, arruinando las cosechas, y hasta las piedras empezaron a derretirse. La comida escaseaba y apenas había nada de beber. Para empeorar la situación, los monstruos y bestias salvajes salieron de sus guardias en los bosques en busca de presas.
Para prevenir la destrucción de la Tierra, el Emperador Yao le pidió a Dijun, que convenciera a sus hijos a que aparecieran uno a la vez. Pero estos no lo escucharon, por lo que Dijun llamó al gran arquero Hou Yi (后羿), y lo armó con un arco de color rojo y un carjac con flechas blancas, y la misión de acabar con las bestias salvajes y controlar a los diez soles desobedientes.
El arquero tenía claro que no lograría nada ni con amenazas ni con buenas palabras, de modo que colocó en su arco la primera flecha y la disparó al cielo. Al segundo una bola de fuego explotó en el aire y del cielo cayo a la tierra un cuervo de tres patas. De esta manera, Hou Yi fue disparando a cada uno de los soles y todos sucumbían ante sus flechas. Pero no derrotó a todos, Hou Yi se cercioró de dejar a uno de los soles con vida, para que este alumbrara y calentara la Tierra. Cuando su tarea estuvo concluida, Hou Yi se encargó de los monstruos que aún amenazaban la vida de la Tierra, y con gran valentía, mató una tras otra todas las bestias salvajes hasta que la Tierra volvió a quedar en paz. Todos aclamaron a Hou Yi como un héroe y le mostraron su agradecimiento por haberles salvado de un destino tan terrible. Sin embargo, al regresar al cielo, se encontró con el desprecio del dios Dijun, que estaba tan enojado por la muerte de sus nueves hijos que condenó a Hou Yi a vivir como un mortal común en la Tierra.
*Bibliografía consultada: Libro "Chinese Gods and Myths" por Quantum Books Ltd. - Editorial EDIMAT.